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LAS AVES DEL PARAÍSO Y LAS PROFECÍAS MAYAS

Publicado: 2012-07-11

José Álvarez Alonso

A mediados de 1522 atracó en el puerto de Sevilla la nave Victoria, la única sobreviviente de la expedición de Magallanes, primera en dar la vuelta alrededor del Mundo. Además de las valiosas especias (que motivaron éste y otros muchos viajes de exploración, incluyendo los de Colón) y otras curiosidades del Lejano Oriente, el capitán de la nave, Juan Sebastián Elcano, trajo un regalo del Sultán de las Islas Molucas: unas pieles disecadas de las más bellas aves que Europa jamás había visto. Estas pieles darían lugar a una leyenda que duraría dos siglos.

El alucinado naturalista Francisco López de Gomara, al observar que no tenían huesos ni patas, fue el primero en elucubrar sobre el origen de tan extraños seres, y afirmó  que eran aves del Paraíso, ‘etéreas’, que  viajaban en el cielo en un vuelo sin fin, se alimentaban del rocío y del néctar del árbol de las especias. Nadie hizo el menor caso a las aclaraciones del naturalista de la expedición de Magallanes, Antonio Pigaffeta, sobre la costumbre de los nativos del Pacífico Sur de preparar así las pieles para sus ceremonias, vaciándolas de carne y huesos. Hasta la obra Historiae Animalium de Konrad Gesner (1555) afirma que los nativos de las Molucas daban fe de que estas aves nacían en el Paraíso.

Los científicos de la época se cansaron de debatir sobre la forma de vida de las ‘Aves del Paraíso’: dado que nunca se posaban, algunos postulaban que se alimentaban de gotas del rocío, otros de éter, unos decían que para reproducirse las hembras ponían sus huevos en la espalda del macho y ahí los incubaban, entre otras peregrinas hipótesis…

El mito de las aves del paraíso perduró por casi dos siglos, alimentada por un gran negocio: las plumas se pusieron de moda en la alta costura europea, y las más encopetadas damas adornaban sus sombreros con los cadáveres de estos pajarillos, que alcanzaron precios exorbitantes. Hasta Carlos Linneo, el padre de la taxonomía moderna, nombró a un género de estas aves Paradisaea, y a una especie Paradisea apoda (=ave del paraíso sin patas). Durante esos años los nativos de Nueva Guinea siguieron preparando las pieles al estilo tradicional, sin tejidos y sin patas, y usándolas para hacer trueque con los barcos que llegaban por la zona.

Cuando a mediados del Siglo XIX llegó a Europa la primera piel íntegra de un ave del paraíso, con sus patas, se acabó el debate, se acabó el mito y se acabó el negocio, aunque las aves conservaron el nombrecito de “aves del paraíso” hasta ahora. A ello contribuyó también René Primevère Lesson, farmacéutico de la fragata francesa La Coquille, quien por esa época describió en su diario dónde y cómo vivían esas aves, y cómo los nativos de Nueva Guinea preparaban las pieles para sus rituales y para vender a los marineros.

Hace unos días, las agencias internacionales rebotaron una noticia que nos hace rememorar el mito de las aves del paraíso, y que dejó con los crespos hechos a más de un vendedor de sebo de culebra y aprendiz de mesías: “Hallan un calendario maya que desmiente profecía del fin del mundo del 2012”. Efectivamente, en un rincón de la selva del norte de Guatemala, un grupo de investigadores encontró recientemente un calendario maya mucho más antiguo que los conocidos hasta ahora, que echa por tierra toda la sarta de predicciones apocalípticas sobre el fin del Mundo que habían tejido algunos profetas y medios de comunicación.

Los científicos afirman que, de acuerdo con este nuevo calendario, los mayas predijeron que el mundo continuará y que en 7.000 años las cosas serán exactamente cómo eran entonces. Este calendario vino a cumplir similar función a la que cumplió la primera piel con patas del ave del paraíso que llegó a Europa hace doscientos años: acabar con la superchería de unos avivatos y con un mito estúpido. Esperemos que el descubrimiento también acabe con el pingüe negocio de los mesiánicos mercaderes del miedo y la incertidumbre.

Efectivamente, detrás de muchas profecías y predicciones de catástrofes y apocalipsis hay un montón de vividores que se aprovechan de los crédulos pusilánimes, esas gentes en busca de norte y de guía espiritual que les dé sentido a sus vidas. Esto ha ocurrido periódicamente a lo largo de la historia, en todas las culturas ha habido gentes que han tratado de mercar con la inseguridad y el prurito de la gente por conocer el futuro. Resalta en particular el surgimiento de los movimientos mesiánicos en los Estados Unidos a mediados del siglo XIX: Adventistas del Séptimo Día, Iglesia de los Santos de los Últimos Días, y las diversas iglesias pentecostales.

En los últimos años hemos visto como los ‘traficantes de la incertidumbre’ han hecho su agosto con la llegada del Cometa Halley, con el cambio de siglo, con el supuesto incremento de terremotos, huracanes y erupciones volcánicas, y ahora con las profecías Mayas y la revaloración de las profecías de Nostradamus.

La verdad es que la noticia del descubrimiento del calendario maya ha sido un gran alivio: estábamos hartos de tanta profecía y tanto alarmismo. La prensa escrita, la televisión y la internet se habían llenado de noticias, reportajes y mamarrachadas sobre el fin del Mundo. Miles de páginas web y de foros en línea han estado dedicadas al debate sobre el modo en el qué transcurrirán los acontecimientos. Todo para nada.

A algunos la noticia los pilló con los crespos bien hechos: hemos visto en algunos reportajes a grupos de personas que se han ido a vivir al campo a colonias “autosuficientes”, preparándose para la catástrofe de diciembre del 2012. ¿Qué harán ahora que saben que no pasará nada?


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